POR QUÉ ORAR

Un hermano dice a su pastor:

—Pastor, no me dan deseos de orar ¿qué puedo hacer?
—A mí tampoco —responde el pastor.
—¿Entonces qué hago pastor?
—Hermano —continúa el pastor—, orar no es resultado de un deseo, sino de una necesidad. Interesante diálogo.

El Maestro Jesús dijo:

«Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.» Mateo 26:41.

Hermanos, aunque no sintamos deseos de orar, debemos hacerlo. Es la mejor decisión.

AMOR Y SANTIDAD

Nadie conforme al corazón de Dios se separará de su esposa(o), salvo por infidelidad y obstinación de la otra persona a no resolver el conflicto.

LA INFLUENCIA DEL ESPÍRITU

Sólo cuando El Espíritu de Dios toma control de la persona, ésta comienza a rechazar todo aquello que a Dios no agrada.

Es la razón porque los sermones no dan los resultados esperados en las personas; porque sólo Dios puede cambiar los corazones, sólo cuando Él toma el control.

Para que eso suceda, el predicador debe estar limpio en todo su ser. Por eso el Rey David decía en el Salmo 51:10-13:

«Oh Dios, ¡pon en mí un corazón limpio!,
¡dame un espíritu nuevo y fiel!

No me apartes de tu presencia
ni me quites tu santo espíritu.

Hazme sentir de nuevo el gozo de tu salvación;

sosténme con tu espíritu generoso,

para que yo enseñe a los rebeldes tus caminos
y los pecadores se vuelvan a ti.»

No podemos obligar a las personas a venir a Jesús (Yahoshua), pero sí orar para que seamos purificados en nuestros corazón, así los pecadores se volverán a Dios por por la palabra de nuestra boca.

Que Dios te bendiga.